China e India son destinos clave para las empresas europeas que desean beneficiarse de una economía de bajo coste y a la vez entrar en mercados nuevos e interesantes. En la actualidad, China tiene especial renombre por su competitivo sistema de producción, mientras que India ha obtenido gran notoriedad en la externalización de procesos. Pero ambos países destacan en todos los aspectos del offshoring y cabe esperar una mayor convergencia en cuanto sus gobiernos apliquen planes para reequilibrar su economía.
En la externalización de procesos de empresa, los últimos años revelan una tendencia principal:
- Las empresas sustituyen las metas de "bajo coste" por las de "valor añadido": ya no se trata sólo de ahorrar dinero haciendo lo mismo a menor coste, sino también de hacerlo mejor, de forma diferente y de eliminar por completo algunas actividades. El offshoring da acceso a trabajadores locales que a menudo superan a sus iguales europeos en educación y capacidad. Aunque los call centres aún son un gran negocio, hoy la tendencia a deslocalizar se centra en actividades de más contenido intelectual, como contabilidad, gestión de RH y análisis de riesgos e inversiones.
En la externalización de procesos de fabricación, se observa una tendencia similar hacia el valor añadido:
- Las empresas cada vez adoptan decisiones de deslocalización más complejas: decidir qué y cómo deslocalizar es una decisión de peso, en especial si hay en juego importantes conocimientos o propiedad intelectual. Las empresas deben juzgar detenidamente qué aspectos de su negocio son su principal ventaja competitiva y han de conservar en el ámbito nacional, y contrastarlos con la demanda de atención al cliente, calidad y competitividad. En China, por ejemplo, sólo las firmas que fabrican productos de gran valor añadido pueden acceder a los incentivos gubernamentales.
Las posibilidades de deslocalizar pueden adoptar muchas formas, desde agencias y joint ventures hasta filiales en plena propiedad. Es importante tomarse el tiempo necesario para entender y evaluar las opciones y nombrar un alto directivo en la central con la responsabilidad exclusiva de gestionar la transición. Y es prioritario trabajar con empresarios y asesores que posean un profundo conocimiento local, experiencia y, sobre todo, relaciones con clientes y funcionarios locales.
